Relatos de la novela "Virus J-3.0"

Aku Caracoles

Saturday, 21 May 2011

Capítulo 1. Lucy, 16 años, Madrid.




VIRUS



     1.-Lucy. 16 años. Madrid. 



-¿Cuánto tardará en caer?

Es lo que me preguntaba mi padre mientras veíamos aquel estúpido certamen de belleza en la televisión.  Nunca me han gustado esos tontos programas cuyas concursantes solo estaban allí por tener la suerte de haber nacido con cuerpos perfectos. Menudo mérito.
Aún así, tenía su gracia. Tenía su gracia ver la forma en la que esas chicas sonreían a la cámara, mientras decían cosas como: "los Estados Unidos son dos: Los de Norte y los del Sur."

-Muy bien, Guapa-Dije en voz alta, con una marcadísima ironía-Y el Reino Unido es propiedad de un príncipe que se casó con una princesa cuando esta le dio un beso que le quitó el encantamiento para siempre… ¡si es que solo sirven para chuparla!

-¡Lucy!-Gritó mi padre-No digas esas barbaridades, hija. 

Hubo un silencio en el que mi padre, mi hermano y yo nos quedamos mirando al televisor directamente. Acto seguido, mi padre cambió su cara de enfado y esbozó una sonrisa.

-Además… Seguro que también saben cascarla. 

Vale, era embarazoso. Escuchar a tu padre decir esas cosas sobre unas jovencitas, no era demasiado agradable… Pero yo me lo había buscado. 
Miré a mi hermano, que no quitaba la vista del televisor ni para pestañear. Era lógico: tenía 17 años y un montón de hormonas haciéndole la vida imposible. 

-David-Le susurré. 

Pero él solo emitió una especie de gruñido y siguió mirando fijamente a la pantalla. 

-Nunca entendí-Comenzó al cabo del rato-Por qué no aceptaste aquella oferta para ser modelo.

"Lo sabía". Pensé.

Pero mi hermano no era el único que me reprochaba continuamente que no hubiera aceptado ninguna de las más de diez ofertas que había recibido desde los 8 años para ser modelo. En todas las reuniones familiares sacaban el tema mías tías y primos. Menos mal que tenía a Papá para salvar aquellas situaciones, por que si no, acabaría llorando navidad tras navidad.   Pero yo siempre lo había tenido claro: Yo aspiraba a mucho más que exhibir mi cuerpo y decirle al mundo lo buena que estaba. ¿No se daban cuenta? ¿No veían que era capaz de decir esternocleidomastoideo sin titubear?
Mi madre era la que peor lo llevaba. Cada vez que veía un anuncio de una colonia, me miraba con esas mirada que significaba "esa podría ser tu cara" , y cada vez que veíamos una película de Briggitte Bardot siempre soltaba la misma frase: "Sois tan clavadas que podrías estar ganando mucho dinero".  Aunque yo intentaba pasar. Consideraba que era injusto que te pusieran una etiqueta nada más nacer, según la suerte que tuvieras. menuda bobada.

-Me voy a duchar-Dije.-A ver si de verlas se me va a pegar la tontería. 

Me dirigí a la ducha por el pasillo, mientras mi madre entraba por la puerta de casa. Ultimamente estaba muy extremada en su trabajo y cuando eso pasaba, se comportaba como una paranoica y no paraba de medirme la fiebre para ver si estaba bien. Cuando yo tenía 5 años, estubo durante una semana medicándome contra 3 enfermedades diferentes. Supongo que el resto de médicos son también así con sus hijos, por eso llegaba un momento en el que llegaba a cansarme, y cuando la veía venir, intentaba escapar de ella.

Abrí los grifos de la ducha. La verdad es que me apetecía mucho darme un baño, pero mi madre tenía fobia a las bañeras y en los dos cuartos de baño había duchas. Eso si, cada una con 4 agarraderas, no nos fuéramos a caer.  Algo que no pasaba desde que mi madre resbaló y se calló encima de nuestro gatito Hipoarlergénico esfinge Ra. El pobre Ra, de dos meses de edad, murió por aplastamiento. Pero ese no fue el drama de la casa: Mi madre se había roto dos uñas después de haberse hecho la francesa. 
Mi hermano y yo le hicimos un pequeños funeral secreto a Ra en el jardín de la casa. Mi madre cree que lo tiramos a la basura. Si se llega a enterar mi madre,  seguro que le da un patatús y manda desinfectar el jardín entero durante una semana. 

Me metí en la ducha, el vaho empañaba los cristales… El agua estaba hirviendo, como a mi me gustaba. Sin embargo, cuando me metí debajo de la alcachofa , noté mucho frío de repente, como si me hubiera metido de golpe en el océano Atlántico. alargué la mano para regular la temperatura y me asusté de lo que vi: tenía los dedos llenos de sangre, como si me hubieran arrancado las uñas. Me miré al reflejo de la mampara y pegué un chillido: Tenía la cara llena de sangre, que parecía bajar de mis ojos, cual lágrimas. En ese momento me empecé a marear. noté como se me iban las fuerzas, la voz se me apagaba, los músculos no respondían a las órdenes de mi cerebro… Todo se veía borroso… Todo… Hasta que se volvió completamente negro.



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